Ruta en la isla de Vancouver de 10 días
Hacer una ruta en la isla de Vancouver (no confudirlo con la ciudad de Vancouver; la isla no incluye esta ciudad) era algo que teníamos entre ceja y ceja desde que empezamos este viaje, siendo uno de los destinos más esperados. Hacer una caminata larga de varios días por la salvaje costa del Pacífico estaba entre nuestras prioridades. Es justo aquí donde se encuentra una de las rutas de senderismo más famosas de todo el mundo: la conocida West Coast Trail. Sin embargo, nosotros nos decantaríamos por su «hermana menor», la Juan de Fuca Trail, por razones económicas y logísticas que te explico a continuación.
Para explorar la isla alquilamos un coche con la compañía Rent-a-Wreck (literalmente «Alquila un Chatarra»), una opción de coches de segunda mano más económicos. La isla de Vancouver es la isla más grande de la costa occidental de América y pertenece a la provincia de la Columbia Británica. Debe su nombre al explorador británico George Vancouver, del que ya hablé en el post anterior.
Esta isla cuenta con un clima bastante moderado y es uno de los destinos vacacionales favoritos de los propios canadienses. Destaca por sus gigantescas montañas y su costa salvaje interminable: es uno de los pocos lugares en Canadá donde puedes hacer senderismo con vistas directas al mar y al océano.
Planificando la ruta y el viaje en ferri
Teniendo en cuenta la temporada en la que nos encontrábamos, tuvimos que obviar lugares muy a nuestro pesar como el parque provincial Strathcona, el lugar donde se encuentran las montañas más altas de la isla y que guarda las mejores rutas de senderismo de alta montaña. De todas formas, con solo 10 días en la isla tampoco daba para mucho más, así que nos concentraríamos en la parte sur y centro. Así de grande es todo aquí.
Para llegar a la isla desde Vancouver en coche tienes dos opciones de ferri operadas por BC Ferries:
- De Horseshoe Bay a Nanaimo (Departure Bay): esta fue la opción que elegimos nosotros, ya que recogíamos nuestro coche alquilado en Nanaimo, una de las ciudades más grandes de la isla.
- De Tsawwassen a Swartz Bay (cerca de Victoria).

El trayecto en barco desde Horseshoe Bay es sencillamente impresionante. Las vistas que se tienen son supremas, convirtiéndose en uno de los viajes en barco más bonitos que jamás he realizado. Ver la costa continental con todos esos picos nevados es algo que nunca se borrará de mi mente; incluso podíamos divisar el skyline de Vancouver con toda esa maraña de edificios recortada en el horizonte.
En este barco conocimos a Flopi, un chico francés que se lanzó a la aventura en Canadá durante unos cuantos meses sin hablar apenas inglés. Iba a hacer WWOOFing en la isla y no sería la última vez que nos veríamos. Entretanto conversamos con otras personas entrañables, como un anciano que viajó por España en la época de Franco o un inglés parlanchín que no paraba de imitar a personajes como Rambo. ¡Vaya personaje!
A continuación te desgloso en detalle todos los lugares que visitamos en la ruta en la isla de Vancouver y nuestra experiencia paso a paso:



Parada 1: Qué ver en Victoria y alrededores
Nuestra primera parada no podía ser otra que la ciudad de Victoria, la capital de la Columbia Británica. Conocida históricamente por su arquitectura victoriana del Imperio británico, hoy en día es famosa por ser la ciudad donde mucha gente decide jubilarse, además de tener fama de ser la ciudad más elegante del país.
El centro histórico y la zona portuaria
Paseamos entre sus impresionantes edificios del Parlamento y por la zona del puerto interior (Inner Harbour). Desde aquí salen numerosos tours para ver orcas y ballenas en libertad (una de las mejores zonas del mundo para ello). Como los precios se salían de nuestro ajustado presupuesto, mantuvimos la esperanza de avistarlas desde la costa.
Siguiendo la línea del mar llegas a Fisherman’s Wharf, un muelle flotante con casas de colores chillones, tiendas y puestos donde comer pescado mientras observas a los leones marinos. También recorrimos su Barrio Chino (uno de los más antiguos de Norteamérica, con el famoso pasaje Fan Tan Alley) y callejeamos por calles comerciales como Government St o View St.
Reserva un tour de 1 día por la ciudad si vas justo de tiempo, puedes mirarlo aquí.




Parques y miradores imperdibles
Uno de los lugares que más nos gustaron fue Beacon Hill Park, un parque enorme que da directamente a la costa. Las vistas son preciosas y hay unos bancos orientados al océano que relajan hasta al más nervioso.


A las afueras de la ciudad hay otros rincones que merecen mucho la pena. Mt Douglas Park (PKOLS) es uno de ellos: un monte alto a cuya cima se puede acceder fácilmente en coche, aunque también puedes hacer deporte como hacen muchos locales corriendo por las rutas que suben hasta la cumbre. Pudiéndolo hacer en coche, nosotros aprovechamos que lo teníamos y subimos rápidamente para disfrutar de unas vistas tremendas. Ya sudaríamos la gota gorda haciendo otras caminatas en los días siguientes.

Otro sitio genial fue Finnerty Gardens, un lugar recomendado por una pareja con la que nos cruzamos. Son unos jardines botánicos preciosos y totalmente gratuitos (ubicados en la Universidad de Victoria) que poco tienen que envidiar a los famosos Butchart Gardens, a los cuales hay que entrar pagando bastantes dólares.
Por último, cerca de Victoria no te puedes perder Malahat Inlet, una lengua de mar que entra en tierra firme y que se observa espectacularmente bien desde su parte oeste. Lo mejor es tomarte algo en su restaurante mirador para disfrutar del paisaje. A lo largo de esta carretera hay varios miradores con vistas inmejorables donde no hay que hacer ningún esfuerzo para disfrutar de la panorámica. También puedes subir al Malahat SkyWalk para flipar, consigues los tickets aquí.

Parada 2: Juan de Fuca Trail (nuestra caminata de 4 días)
Esta caminata de 47 km por la costa pacífica de la isla se presentaba como un verdadero reto para nosotros. Decidimos elegir esta caminata en lugar de la mundialmente conocida West Coast Trail porque cuesta mucho menos dinero, no hay que reservar con meses de antelación y las vistas son muy similares y altamente recomendadas. No había más que hablar.
Nos preparamos bien el día anterior haciendo las compras y preparando lo que iba a ser la ruta. Lo haríamos en 3 noches y 4 días, o ese era el plan inicial. Pedimos un mapa en el centro de información de Sooke con el perfil de la ruta y nos sentamos con un café a planificar las etapas. La ruta dispone de diferentes campamentos donde poner tu tienda de campaña (se paga una tarifa por persona/noche de acampada que puedes verificar en la web oficial de BC Parks – Juan de Fuca Provincial Park).
Es imprescindible planear la ruta con antelación por el tema de las mareas, algo a tener muy en cuenta si no te quieres quedar atrapado en la playa. Lo de las mareas hay que tenerlo bajo control y, por suerte, las horas de marea baja eran ideales para nuestros planes; nos dieron una tabla de mareas muy útil en el mismo centro de información.
Para salir bien temprano, decidimos ir a dormir en el coche en el mismo parking del inicio de la ruta Juan de Fuca. Dormir en el coche era ya rutina para nosotros; en los Estados Unidos lo tuvimos que hacer a menudo.
El trail se puede hacer en dos direcciones. En nuestro caso elegimos la opción de empezar en China Beach y terminar en Botanical Beach (de sur a norte), es decir, de lo más difícil a lo más sencillo. Algunos prefieren hacerlo al revés, eso ya depende de cada uno.
Día 1: China Beach a Bear Beach (el primer gran reto)
El primer día sería el más duro y largo. Nos veíamos con fuerzas y fuimos ambiciosos, pero no todo iba a ser tan fácil como habíamos pensado. La ruta estaba llena de obstáculos, de subidas y bajadas continuas y con zonas de barro que nos retrasaban mucho en nuestro ritmo.
Los primeros 9 km fueron relativamente bien, pero los 12 km siguientes fueron un reto: estábamos hablando de la parte más difícil de toda la ruta. Teníamos claro que no iba a ser un paseo por el campo, y con el peso de nuestras mochilas cargadas de comida y equipo de acampada se iba a hacer más duro con el paso de los días.
En los últimos kilómetros se presentó un problema: mi rodilla derecha dijo basta. No sé si por un paso en falso o qué, pero de repente cada paso que daba con esa pierna era un infierno; la rodilla estaba bien jodida. Llegamos a las 7 de la tarde al campamento de la playa, bastante más tarde de lo planeado. Con la maltrecha rodilla los últimos kilómetros se hicieron larguísimos.



Llegar a esa playa nos supo a gloria. La parte más difícil estaba hecha, pero a un precio muy caro. Confiaba en que durante la noche mejorara y pudiéramos continuar al día siguiente. Acampar en la playa siempre es un placer y allí encontramos un lugar protegidos por troncos donde disfrutamos de un atardecer precioso. El tiempo estaba siendo inmejorable. Tras caer la oscuridad y cenar, caímos rendidos: había sido un día duro y necesitábamos descansar.


Día 2: Bear Beach a Sombrio Beach (avanzando a medio gas)
Cuando nos despertamos el segundo día, notaba que mi rodilla respondía algo mejor, así que decidimos seguir adelante. Afrontábamos una etapa considerada también como difícil.
Los primeros kilómetros pegados al mar fueron bien, pero con el paso del tiempo mi rodilla volvió a fallar, esta vez antes de lo previsto. Decidimos que nos íbamos a quedar en un campamento que no estaba en los planes iniciales: este segundo día solo haríamos 7 km lentos por la dificultad del terreno y mi rodilla. Aun así, las vistas iban mejorando kilómetro a kilómetro, ¡vaya maravilla!


Perrine iba en cabeza todo el rato y yo intentaba seguirla como buenamente podía (suele ser al revés jajaja); llevaba dos palos que encontré por la ruta que me ayudaron mucho para apoyar menos esa pierna. Llegamos a eso de las 2 de la tarde a Sombrio Beach, donde disfrutamos del buen tiempo que estaba haciendo.
No hicimos nada más: me tumbé en la arena esperando que la rodilla tuviera tiempo suficiente para descansar y recuperarse. A partir de ahora la ruta iba a ser menos dura y quizás la pierna no sufriría tanto. La verdad es que por una parte me alegré de parar allí antes de tiempo: a veces hay que detenerse y disfrutar de lo que tienes alrededor sin prisas ni bullas. Un lugar así lo merecía.


Día 3: Sombrio Beach a Payzant Creek (recuperación y osos negros)
Cuando nos levantamos el tercer día, la cosa fue mejor de lo que pensaba. Apenas notaba molestia en la rodilla y podía andar relativamente bien. De todas formas no podía cantar victoria: había muchos kilómetros por delante y solo habíamos completado 28 de los 47 km totales.
Con el paso de los kilómetros mi rodilla iba sorprendentemente bien; ahora era Perrine la que tenía que seguir mi ritmo mucho más rápido. Aun así, la zona de obstáculos y barro no era nada fácil de superar: a veces el barro te obligaba a hacer virguerías para poder seguir y averiguártelas para no meter la pata (nunca mejor dicho). El paisaje en esta etapa era bastante más bonito que en las anteriores: los acantilados y paisajes rocosos del océano son espectaculares, pura naturaleza salvaje.

Llegamos al campamento de la tercera noche sin problemas tras 13 kilómetros rápidos. Podía decir que mi rodilla se había recuperado por arte de magia: el largo descanso del día anterior me había venido de perlas. Este lugar para acampar ya no era en la playa; esta vez estábamos metidos en el bosque interior. Cada campamento de la ruta dispone de una caja metálica antiosos (bear cache) para meter toda la comida, cremas, desodorantes y cualquier cosa que pueda emitir olor para evitar atraerlos.
Toda esta zona es muy frecuentada por osos negros. Por suerte o por desgracia no vimos ninguno, aunque alguien nos dijo que sí vio uno en la misma arena de la playa. Lo que recomiendan siempre es hacer ruido para evitar un encuentro fortuito; cuando no hablábamos entre nosotros, Perrine se ponía a cantar. Con su alto tono de voz, seguro que espantó a más de uno.




El último día iba a ser pan comido: solo nos quedaban 6 kilómetros para llegar al final de toda la ruta. El final estaba cerca. A través de un frondoso bosque y playas idílicas llegamos a Botanical Beach. El cartel decía: Kilómetro 47. ¡Lo hemos conseguido!

Ahora se nos presentaba otro asunto que resolver. Habíamos pensado hacer autoestop para volver a nuestro coche por la carretera que conecta con el inicio de la ruta. Para ello tuvimos que caminar hacia el pueblo más cercano, situado en Port Renfrew, a unos pocos kilómetros más.
En nuestro camino, con el dedo levantado, paró un todoterreno. Una sonriente mujer nos ofreció sitio mientras quitaba cosas y las ponía en el maletero. Se trataba de una familia de cuatro: el padre de Bolivia, ella de la India y sus dos hijos menores de 12 años. Por suerte se dirigían hacia China Beach, donde nosotros teníamos nuestro coche, pero antes nos ofrecieron comer en el bungalow que tenían alquilado en Port Renfrew. Con el hambre que llevábamos tras 4 días comiendo noodles y fajitas de lata, no podíamos negarnos. Su bungalow en plena costa tenía unas vistas de escándalo y comimos de maravilla. ¡Vaya suerte la nuestra! Al llegar a nuestro coche condujimos directos hacia Victoria en busca de un hotel para descansar del palizón. Teníamos que coger fuerzas para seguir visitando lugares por la isla.
Parada 3: Port Alberni y Sproat Lake
Este día sería de mucho conducir: nuestra intención era llegar desde Victoria hasta Ucluelet pasando por Port Alberni. No venía mal para descansar las piernas y ver el paisaje a través del parabrisas del coche.
Port Alberni se encuentra en mitad de la isla, pero está comunicado con el océano a través de una larga entrada de agua (inlet) desde donde incluso se pueden tomar barcos (muchos de ellos te llevan hacia la zona de Port Renfrew o comunidades aisladas). Esta bonita ciudad isleña está rodeada de maravillas naturales. Su gran pico nevado, el Arrowsmith Peak, se presenta a sus espaldas mientras las montañas y el fiordo decoran el otro lado de la ciudad; uno ya no sabe hacia dónde mirar sin quedar sorprendido por las vistas.

Es una ciudad que lo tiene todo, así que aprovechamos para hacer compra en el supermercado más barato del país, llamado No Frills, y nos abastecimos para los días que nos quedaban en la isla.
Lo más destacado de la ciudad es irse a la zona del puerto de donde salen los ferries. Allí hay una plataforma de madera con escaleras a la que te puedes subir para tener unas buenas vistas del inlet, la ciudad y las montañas de alrededor. Aparte de eso, poco más: lo mejor está en la naturaleza de las afueras.
Cerca de la ciudad hay un lugar donde se pueden ver unos curiosos petroglifos indígenas y disfrutar del gran y bonito lago Sproat. Para llegar a ellos caminamos un par de kilómetros junto al lago. Allí hay una plataforma flotante (que estaba medio hundida cuando llegamos) desde donde se pueden apreciar estos petroglifos tallados por las First Nations (que es como llaman en Canadá a las tribus indígenas nativas).

Parada 4: Ucluelet y su Wild Pacific Trail
El camino de Port Alberni hasta Ucluelet es uno de los mejores recorridos por carretera que hicimos en la isla. La vía discurre entre gigantescos picos nevados a ambos lados de la carretera y lagos interminables.

La localidad de Ucluelet se encuentra en pleno océano Pacífico. Con un nombre de origen indígena y no muy lejos de la popular ciudad de Tofino, Ucluelet es famosa por sus playas para hacer surf, su ritmo mucho más relajado que el de Tofino y su costa salvaje donde se puede realizar una caminata espectacular conocida como el Wild Pacific Trail (puedes consultar mapas y estados del sendero en la web oficial del Wild Pacific Trail). Creo que el nombre ya lo dice todo.
Al quedarnos solo la tarde (habíamos estado todo el día conduciendo y visitando Port Alberni), hicimos solo un tramo del recorrido. La costa está salpicada de rocas, acantilados e islotes por todos lados. Es una caminata muy fácil de hacer y las vistas merecen muchísimo la pena.
Esa noche dormiríamos en un camping llamado Surf Junction Campground por unos 25 CAD $ la noche, con un jacuzzi comunitario al aire libre incluido. Estuvimos en remojo toda la tarde junto a un grupo de jóvenes surferos.


Al día siguiente decidimos hacer el resto del Wild Pacific Trail; nos quedaban aún unos cuantos kilómetros para echar toda la mañana. Para nuestra sorpresa, la costa estaba cubierta por una intensa y espesa niebla que no permitía ver dos metros más allá de nuestras narices. Con estas vistas limitadas el paseo no fue lo mismo, pero experimentamos la típica niebla mística que se crea en la costa del Pacífico Norte.



Parada 5: Tofino, Coombs y Parksville
Tofino es uno de los lugares de vacaciones más populares de toda la Isla de Vancouver. Eso traía consecuencias fatales para nosotros: todo lo que se podía hacer en esta ciudad costera costaba un ojo de la cara y, si en Tofino no pagas por hacer alguna actividad, hay muy poco que hacer aparte de disfrutar de las vistas de su maravilloso entorno. Incluso coger un water taxi a la vecina isla de Meares cuesta un pastizal.
Aquí puedes ver un tour interesante si te interesa:
Tofino: tour en barco para avistar osos con un guía naturalista -> Consultar
Con tal panorama nos conformamos con deambular por el pueblo, tomar un café, comer unos donuts y disfrutar del paisaje costero. Lo siento Tofino, pero no eres para viajeros de presupuesto ajustado. Eso sí, estoy seguro de que si pagas las actividades que se ofrecen (surf, avistamiento de osos en lancha, hidroavión) te lo pasas en grande, porque el entorno es una pasada.



Saliendo de Tofino a la mañana siguiente para volver hacia Nanaimo, hicimos varias paradas:
Lago Kennedy: un lugar refrescante con unas vistas súper relajantes para empezar el día.


Bosque de árboles gigantes: un paseo cerca de Parksville para admirar los abetos y cedros milenarios típicos de la selva templada del Pacífico.


Coombs (Goats on the Roof): antes de llegar a Parksville paramos en esta pequeña y acogedora localidad. Lo más curioso de Coombs es que en el tejado de hierba de su mercado (Old Country Market) hay cabras comunitarias comiendo césped sin parar. Curioso cuanto menos. El pueblecito merece mucho la pena para visitar su mercado repleto de productos de importación de todo el mundo y sus encantadoras tiendas.

Parksville: nuestra última parada del día fue en esta ciudad costera muy tranquila, donde aprovechamos para tomar algo en su Tim Hortons y pasear por su bonita playa.
Los 10 días habían volado. La verdad es que el Juan de Fuca Trail se comió 4 de ellos, por lo que no nos quedó mucho más tiempo para el resto de la isla. Aun así, lo disfrutamos muchísimo: esta isla es una auténtica maravilla de la naturaleza. A la mañana siguiente devolvimos el coche en Nanaimo y tomamos el ferri de vuelta a Vancouver para seguir nuestra aventura por Canadá. Por cierto, en esta ciudad también ofrecen avistamientos de ballenas.
Preguntas frecuentes para organizar tu ruta en la Isla de Vancouver
¿Cuál es la mejor época del año para hacer una ruta por la Isla de Vancouver?
Los mejores meses son entre mayo y octubre, cuando el clima es más cálido y seco, las rutas de senderismo están abiertas y las condiciones en el ferri son óptimas. Julio y agosto son los meses más concurridos y caros, mientras que mayo, junio y septiembre ofrecen un gran equilibrio entre buen tiempo y menor afluencia de turistas.
¿Es obligatorio contratar un seguro de viaje para viajar a Canadá?
Aunque no es un requisito legal estricto para todas las visadas de turismo, es extremadamente recomendable. La sanidad en Canadá para extranjeros es ridículamente cara y cualquier rescate en montaña o visita a urgencias por una lesión (como una torcedura de rodilla en el Juan de Fuca Trail) te puede costar miles de dólares. Te aconsejamos contratar un seguro con coberturas de trekking y deportes de aventura (como Heymondo).
¿Hay mucha presencia de osos en los senderos de la Isla de Vancouver?
Sí, la Isla de Vancouver tiene una de las concentraciones de oso negro más altas del mundo. Es imprescindible llevar spray antiosos, hacer ruido mientras caminas, colgar la comida o usar las cajas metálicas protectoras (bear caches) en los campamentos y guardar una distancia prudencial de seguridad. También se recomienda el uso de cascabeles, para ir haciendo ruido mientras caminas. Nosotros los compramos más adelante.
Conclusión sobre nuestra ruta por la Isla de Vancouver en 10 días
Completar esta ruta por la Isla de Vancouver en 10 días fue una de las experiencias más intensas y gratificantes de todo nuestro viaje por Canadá. Desde los acantilados salvajes y el barro del Juan de Fuca Trail hasta los tranquilos paseos por Victoria o las cabras en los tejados de Coombs, la isla ofrece una variedad de paisajes naturales difíciles de superar. Si dispones de al menos una semana en la costa oeste canadiense, no lo dudes: alquila un coche, reserva tu ferri y lánzate a descubrir esta joya del Pacífico norte.
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