Qué ver en Belgrado: la ciudad blanca
Belgrado, la capital de Serbia, fue el mismísimo eje de la ex-Yugoslavia y uno de los lugares con la historia más convulsa de los Balcanes. Hoy en día es conocida por ser una de las ciudades más fiesteras de Europa. En nuestra ruta por la península, nos adentrábamos en el «otro bando» para conocer la historia y las opiniones desde otra perspectiva; una versión diferente a la de los países por los que ya habíamos pasado anteriormente en nuestra ruta de viaje por libre: Eslovenia, Croacia y Bosnia y Herzegovina.
Llegábamos por la mañana desde Tuzla, de donde salimos a las 6:00 de la mañana para llegar a las 10:00 en un trayecto no muy cómodo, de unas 4 horas. Viajábamos más personas que asientos disponibles y tuvimos que ceder el nuestro a los ancianos que iban entrando en las numerosas paradas rumbo a Serbia (esta cortesía es un idioma internacional). La frontera no supuso ningún problema: fue un trámite rápido y eficaz. Tras mucha montaña, entramos de repente en un altiplano como si de mi querida Flandes se tratara; allí todo es plano y no se divisan montañas en el largo horizonte. El cambio con Bosnia y Herzegovina fue grande: la periferia de la capital nos recibía con grandes edificios modernos y el tráfico era abundante. ¡Se notaba que entrábamos en una gran urbe!
Si estás preparando tu itinerario por los Balcanes y te preguntas exactamente qué ver en Belgrado, te adelanto que es una ciudad que rompe esquemas. Siceramente, no tenía ni la más pajorela de lo que esperarme, pero definitivamente no era lo que tenía en mente (y no me preguntes qué era, porque tampoco sabría decirlo). Serbia no es un país turístico de masas, no hay exceso de información y no acapara las portadas de los medios ni blogs de viajes. Es un país mayormente obviado en las rutas clásicas, lo que supuso algo nuevo para mis cinco sentidos y me atrajo muchísimo más. Sin turismo de masas, todo son ventajas para el viajero. Sin embargo, con al saturación de otros sitios, puede que cada vez esté atrayendo más a los turistas.
Mi experiencia sobre qué ver en Belgrado y primeras impresiones
Aquí tampoco nos esperaba nadie en la parada de autobús, pero esta vez, el transporte sí que nos dejó en pleno centro. Lo malo: estábamos en la parte baja de la ciudad y lo interesante estaba en la parte alta, así que tocó subir las cuestas cargando con todo nuestro equipaje hasta que encontramos el alojamiento que habíamos reservado la noche anterior. La ubicación era inmejorable, pero el lugar en sí era la casa de los horrores.
Ya notamos un aire dejado cuando nos recibió la recepcionista, y lo confirmamos al ver la mugre del cuarto, la cocina y lo viejo que estaba todo. En la cama de pinchos de un faquir se estaría más cómodo que en aquel colchón. Además, compartiríamos habitación con nuestras amigas las «cucas», un fuerte olor a tabaco y otros viajeros sufridores como nosotros con cara de «dónde me he metido». Lo único positivo era su precio y ubicación. Solo tendríamos que aguantar una noche antes de irnos a otro alojamiento, ya que estaba pagado. Por si tienes curiosidad, el nombre del hostal era New morning (no me extrañaría que ya hayan cerrado). Queríamos salir de allí cuanto antes y pasar el día conociendo la ciudad, que, al fin y al cabo, es a lo que habíamos venido.
🏨 Recomendación de alojamiento: Para que no te pase lo mismo que a nosotros, te aconsejo revisar bien las reseñas del alojamiento antes de reservar. A veces merece la pena pagar un par de euros más por dormir en condiciones. No seas como nosotros. 👉 Busca hoteles en Belgrado aquí.
En seguida, a unos pasos del hostal, estábamos en pleno corazón de la ciudad. Nos topamos con la rambla principal de Belgrado, por donde en ese momento pasaba una marabunta de personas: la famosa calle peatonal Knez Mihailova.
El templo de San Sava y el famoso Hotel Moskva
Otra de las paradas obligatorias es, sin duda alguna, el imponente templo de San Sava. Al verla de lejos ya nos puso los pelos de punta: una bestialidad arquitectónica en mitad de la ciudad que sobresalta a todo el que la ve. Y digo bestia no por ser fea, sino por lo colosal que es. Es la iglesia ortodoxa más grande de Europa y una de las más bonitas, dicen. Su nombre está dedicado a San Sava, fundador de la iglesia ortodoxa serbia y un personaje crucial en la época medieval.
Por sus alrededores había mucho ambientillo: vendían comida, souvenirs y había vendedores un poco pesados que intentaban colarte sus productos a toda costa. Nos quedó claro que es uno de los puntos más turísticos. Sacamos fotos desde todas las perspectivas, siempre buscando el mejor ángulo (si no lo hacemos, no nos vamos tranquilos). Su interior, cuando lo visitamos, fue una pequeña decepción porque estaba totalmente en obras, ¡hasta había una enorme grúa dentro! Seguro que hoy en día, ya terminada, luce espectacular.



💡 Dato práctico: la entrada al templo principal suele ser gratuita, pero te recomiendo visitar su web para consultar horarios actualizados o si hay algún donativo/entrada requerida para bajar a su impresionante cripta. Aquí puedes encontra una audioguía para enterarte bien de su historia.
En nuestro recorrido también pasamos por el mítico Hotel Moskva, uno de los edificios históricos más impresionantes y reconocibles de la ciudad con su fachada de estilo art nouveau.

El centro de la ciudad: palacios y la iglesia de San Marcos
No lo llevábamos fácil con el idioma. Y no porque los serbios no hablen inglés (que en este país lo dominan bastante bien), sino por el alfabeto cirílico que está por todos lados como única pista. Si ya nos costaba seguir los idiomas eslavos durante el viaje, esto era el remate. Mi pareja lo llevaba mejor que yo, ya que ella se estudió un poco los equivalentes de los signos cirílicos, algo vital para saber en qué calle nos encontrábamos. Ahora me arrepiento de no haberlo hecho yo también.
Visitamos los palacios gemelos presidenciales (el antiguo y el nuevo), la biblioteca nacional y algunos parques. Belgrado tiene tela de cosas para ver. En el palacio presidencial coincidimos con el siempre gracioso cambio de guardia. Esta vez estábamos solos, nada que ver con lo que nos pasó en Budapest o Londres, donde nos rodeaban cientos turistas más. Esta vez, el cambio de guardia fue un show privado para nosotros dos. El edificio de la Sede del Parlamento Nacional de estilio neorrenacentista es el más imponente de la ciudad, con permiso de otros.



Otro de los edificios impresionantes que ver en Belgrado fue, como casi siempre ocurre, de carácter religioso. Situada en el parque Tašmajdan, destaca la bonita iglesia de San Marcos, de característico estilo neobizantino. Un auténtico placer para los ojos. La religión predominante en Serbia es la ortodoxa. Tras pasar por los países católicos de Eslovenia y Croacia, y por el país de mayoría musulmana de Bosnia y Herzegovina, llegamos a la ortodoxa Serbia. Por diversidad religiosa no será… los Balcanes son un cruce de caminos tremendo.



Las huellas de la guerra: edificios bombardeados por la OTAN
Una de las cosas que más impactan de esta ciudad son, sin duda, sus edificios bombardeados. Guste o no, otra de las cosas que ver en Belgrado. Milagrosamente aún se mantienen en pie en mitad del casco urbano, como si el tiempo se hubiera detenido. Estos ministerios fueron bombardeados en 1999 por la OTAN, con el objetivo de frenar a la República Federal de Yugoslavia (Serbia) en su guerra contra Kosovo. El país fue atacado durante varios meses sin previo aviso y sin la autorización de la ONU; un acto declarado por muchos como crimen de guerra y muy cuestionado por su legalidad.
El tema de Kosovo sigue muy presente hoy. Todavía existen tensiones en el norte de Kosovo, una zona a la que las embajadas recomiendan no ir (si vas a cruzar a Kosovo, lo mejor es hacerlo por las fronteras de Macedonia del Norte, como haríamso nosotros más adelante, o Albania). Por todo Belgrado se podían ver carteles con el mapa de Kosovo y unas letras en cirílico que no entendíamos. Sentía curiosidad por saber qué ponían (todavía no tenía lo de hacerlo por el móvl), pero no me atreví a preguntar; el ambiente está lo suficientemente caliente como para removerlo.



Atardecer en la fortaleza Kalemegdan (gratis) y «free tour»
Dejando los temas de guerra aparte (aunque es difícil estando en los Balcanes), seguimos visitando los lugares importantes de la ciudad. Nos recomendaron ir a Kalemegdan, la gran fortaleza que se encuentra al final de la calle comercial principal, y decidimos dejarlo para el atardecer. Spoiler: acierto total.
Fue la mejor recomendación que nos podían haber hecho. Las vistas desde la fortaleza son maravillosas, y con la caída del sol, aún mejores. Antes de sentarnos a contemplar el paisaje, pudimos explorar parte de la fortificación, que está bastante bien conservada. No estábamos solos; parece que venir aquí es una costumbre muy arraigada entre los serbios. Desde este mirador se puede observar la impresionante confluencia de los ríos Sava y Danubio. En el interior del recinto hay un mausoleo donde yacen personajes importantes de la Yugoslavia socialista, y también se exhiben tanques y máquinas de artillería sobre el césped.




Tras el atardecer, ya prácticamente de noche, nos fuimos a las afueras de la fortaleza para hacer una especie de free tour del que nos informaron en la oficina de turismo (tuvimos que ir a registrarnos previamente con nuestros nombres). El tour consistía en un tranvía que recorre Belgrado en círculo, acompañado de un guía serbio que, micrófono en mano y en perfecto inglés, iba explicando todo lo que veíamos. En el tranvía solo estábamos nosotros y tres chicas catalanas que hacían su balkan-trip-express. Fue interesantísimo y aprendimos un montón de curiosidades de la ciudad que nunca habríamos descubierto de otra forma. Altamente recomendable y, además, gratuito. Desconozco si hoy en día sigue disponible y gratis.


Dónde comer en Belgrado: el barrio bohemio de Skadarlija
Para cenar, y siguiendo nuestra pasión por probar la gastronomía local, nos dirigimos a la zona más famosa para ello: la calle Skadarlija. Allí puedes encontrar un montón de restaurantes súper atrayentes a muy buen precio.
El ambiente en esta calle empedrada es muy especial, al igual que su decorado. Conocida como el rincón de los artistas y los bohemios, puedes ver obras de arte en las fachadas de los edificios y escuchar a grupos tocando música en directo. Sin duda, fue uno de los lugares más curiosos de Belgrado. Como no podía ser de otra manera, paramos en una de sus tabernas tradicionales (kafanas), donde cenamos a la luz de las velas por un buen precio.



Escapada a Zemun y la Torre de Gardos
Al día siguiente fuimos a conocer Zemun, un barrio muy acogedor de Belgrado que antiguamente era un pueblo independiente y que acabó siendo absorbido por la expansión de la capital. Para llegar, cogimos un autobús urbano preguntando a la gente en la calle (recuerda que el billete hay que comprarlo de antemano en los quioscos, si es que no se ha modernizado ya).
Hacía un domingo con un tiempo fabuloso y se respiraba una tranquilidad palpable. El sol radiante invitaba a la gente a recorrer el bonito paseo que bordea el Danubio. Desde allí, subimos directamente a la Torre de Gardos para disfrutar de las mejores vistas de Zemun. La panorámica no nos decepcionó, aunque no contábamos con tener que pagar para subir. Sin duda un imprescindible que ver en Belgrado.





Bajamos de nuevo hacia el centro del barrio, donde había un mercadillo en la plaza principal. La gente hacía sus compras y nosotros aprovechamos para observar el día a día real de los serbios. Comimos algo rápido en uno de los puestos callejeros y pusimos rumbo de nuevo al centro de Belgrado. Fue una visita tranquila y muy recomendable, perfecta para tener una perspectiva más auténtica del país.
Esa noche dormimos en otro hotel mucho mejor que encontramos en la calle Knez Mihailova. Había una diferencia abismal en calidad por un precio solo ligeramente superior; definitivamente, a veces merece la pena pagar un poco más y estar cómodos, sobre todo en un viaje largo como el nuestro. Al día siguiente seguiríamos haciendo base en Belgrado, pero haríamos una excursión de ida y vuelta a la cercana Novi Sad, un lugar muy recomendado que teníamos muchas ganas de conocer. Si no te quieres complicar, esa excursión también la puedes hacer en plan tour organizado, como este.
Belgrado nos agradó por su vida y por su gente, que tiene un carácter alegre y casi mediterráneo (aunque no tengan mar). Es una parada imperdible en cualquier ruta por los Balcanes para entender mucho mejor el puzzle de esta región.
Dónde dormir en Belgrado: mejores zonas y alojamientos
Elegir la zona adecuada donde alojarse en Belgrado es clave para aprovechar el viaje, ya que la ciudad está articulada entre la parte alta (donde se concentran la zona peatonal y los principales atractivos) y la parte baja junto al río, conectadas por cuestas bastante empinadas. Como te contábamos en nuestra propia experiencia cargando con nuestras pertenencias tras llegar a la ciudad, acertar con la ubicación te ahorrará más de una caminata pesada cuesta arriba.
1. Las mejores zonas para alojarse
- Stari Grad y Knez Mihailova (centro histórico): el corazón de la capital, repleto de calles peatonales, vida social, comercio y a un paso de la fortaleza de Kalemegdan, aquí nos alojamos nosotros.
- Lo mejor: lo tienes todo a mano a pie, hay muchísima seguridad y mucho ambiente a cualquier hora.
- A tener en cuenta: al ser zona peatonal, los taxis no te dejarán en la misma puerta del hotel y los precios suelen ser más altos. También hay más jaleo.
- Dorćol y Skadarlija (barrio bohemio y creativo): abarca desde el callejón empedrado de las kafanas tradicionales hasta las calles de la parte baja, repletas de cafeterías modernas, galerías de arte y terrazas.
- Lo mejor: la oferta gastronómica y de ocio nocturno es imbatible, conservando un aire histórico y auténtico.
- A tener en cuenta: las calles empedradas de Skadarlija son incómodas para maletas con ruedas y algunas avenidas pueden tener ruido de terrazas los fines de semana. Ojo con eso.
- Vračar (zona elegante y residencial): situado alrededor del pedazo templo de San Sava, es un distrito tranquilo, verde y señorial.
- Lo mejor: ambiente local muy agradable, restaurantes de calidad a precios locales y noche bastante apacible.
- A tener en cuenta: se encuentra a unos 20 minutos paseando del casco antiguo (Knez Mihailova), aunque está muy bien conectado en autobús y tranvía.
Opciones que recomiendo según he encontrado para diferentes presupuestos
| Presupuesto | Alojamiento | Características principales |
| Mochilero / ajustado | Villa Terazije | Ubicación imbatible a pasos del centro, habitaciones privadas sencillas, muy limpio y económico. |
| Medio / relación calidad-precio | Envoy Hotel | Hotel boutique de 4 estrellas en calle peatonal, con un diseño impecable, gimnasio, spa y gran servicio. Gran opción si te lo puedes permitir. |
| Gama alta / con encanto | Square Nine Hotel Belgrade | Lujo refinado de 5 estrellas, spa de inspiración japonesa y vistas excepcionales a pocos metros de Kalemegdan. No apto para cualquier bolsillo. |
También puedes echar un ojo al siguiente mapa y mirar qué opciones hay más.
Preguntas frecuentes (FAQ) sobre qué ver en Belgrado
¿Cuál es la moneda de Serbia y cómo pagar?
La moneda oficial es el dinar serbio (RSD). Aunque en muchos hoteles y restaurantes grandes puedes pagar con tarjeta, es imprescindible llevar siempre dinares en efectivo para pagar el transporte público, comprar en mercadillos o comer en puestos callejeros. Te recomiendo sacar dinero en los cajeros automáticos al llegar utilizando una tarjeta que no cobre comisiones por cambio de divisa.
¿Es seguro viajar a Belgrado?
Totalmente, Belgrado es una ciudad muy segura para el viajero. Como en cualquier sitio, solo hay que tener sentido común y vigilar las pertenencias en zonas con grandes aglomeraciones o en el transporte público. Eso sí, la sanidad pública fuera de la Unión Europea funciona distinto y la Tarjeta Sanitaria Europea no tiene validez aquí, por lo que es vital viajar cubierto.
🛡️ Consejo viajero: nunca viajes a los Balcanes sin seguro médico. Por ser lector, tienes un descuento directo contratando tu póliza desde este enlace: 5 % de descuento con Heymondo.
¿Cómo moverse por Belgrado y entender el cirílico?
La ciudad cuenta con una excelente red de autobuses y tranvías. Para orientarte, te sugiero descargar mapas offline (como Google Maps o Maps.me) y tener a mano una aplicación de traducción con cámara. Aunque el alfabeto cirílico predomina en los carteles oficiales y nombres de las calles, la mayoría de los jóvenes y trabajadores del sector servicios hablan un inglés muy correcto, para mi sorpresa.
Conclusión sobre este post sobre qué ver en Belgrado
Belgrado es una ciudad de puros contrastes que rompe cualquier prejuicio. Pasar de la dureza visual de sus edificios bombardeados por la OTAN a la calidez de su gente en las kafanas de Skadarlija, o ver atardecer sobre la confluencia del Sava y el Danubio desde Kalemegdan, te hace entender por qué es una parada imprescindible en los Balcanes. Aunque el cirílico te ponga a prueba y la maleta te pese al subir las cuestas de la ciudad baja, la capital serbia desborda una energía viva, auténtica y sin masificaciones turísticas, de momento. Si quieres entender de verdad el puzle histórico y cultural de esta región, ya sabes qué ver en Belgrado para sacar el máximo partido a tu ruta por libre.
Sigue nuestro viaje por Centro Europa y los Balcanes
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