Lugares que ver en Estambul: colofón a un gran viaje por los Balcanes

Habíamos empezado nuestro gran viaje por los Balcanes hacía ya dos meses, donde la segunda parada fue la capital del antiguo Imperio austrohúngaro. Pues bien, nuestra ruta acabaría en la de su gran enemigo de la época, la capital del Imperio otomano. No solo eso, Estambul ha pasado por la historia con nombres como Bizancio o Constantinopla, denominaciones que se escriben con mayúsculas en los libros de la historia de nuestro planeta. Los lugares que ver en Estambul prometían mucho.

Durante todos los artículos sobre este viaje, muchas han sido las referencias a estos dos imperios, no solo por afición a la historia, sino por la inmensa influencia y el patrimonio que han ido dejando a su paso por la península balcánica. Esto es algo que pudimos comprobar con nuestros propios ojos. Aparte de nuestra experiencia, en este post me enfocaré en los lugares que ver en Estambul. Esta vez haré una post completo consensado de lo que en principio iban a ser dos partes, como hice con Viena, precisamente.

Tabla de contenidos

Estambul, el broche de oro perfecto para nuestra ruta

Los Balcanes son una gran mezcla de culturas y una de las más importantes es la otomana, la turca. Llegamos a Turquía conociendo muchos platos típicos, habiendo visitado mezquitas que bien podrían ser de Ankara —por poner un ejemplo—. También habiendo aprendido historia local sin haber pisado aún el país. No podíamos terminar mejor la aventura que recalando en Estambul, una de las ciudades más fascinantes del mundo y el colofón ideal para nuestro itinerario. Teníamos claro que debíamos dedicarle tiempo suficiente; es tanto lo que ofrece que se necesitarían meses para explorarla con calma. Cinco días nos parecieron ideales para conocer lo mejor de ella, lo esencial y aquello que nadie debería perderse en una visita a la capital turca. Eran muchas los lugares que ver en Estambul durante nuestra estancia. ¡A por ello!

Lugares que ver en Estambul
Extensión del imperio otomano

Un viaje nocturno desde Sofía hasta la frontera turca

Para llegar desde Sofía hasta Estambul cogeríamos un autobús nocturno en la estación de autobuses de Sofía. En esta ciudad habíamos pasamos un par de días. Era ideal ya que nos ahorrábamos una noche de hotel.

Fue un viaje tranquilo y cómodo rodeados mayormente por turcos; en el autobús había hasta servicio de comidas, lo cual nos pilló por sorpresa. La tranquilidad se rompió una vez que llegamos a la frontera entre Bulgaria y Turquía. Fuimos los únicos que tuvimos que pasar por caja, parecía que el oficial de aduana no esperaba ninguna visita a estas horas.

Era algo así como las dos o tres de la madrugada y el oficial dormía a pierna suelta en la caseta donde se pagaba el visado. Con la ayuda de uno de los ayudantes del autobús conseguimos despertarlo y pagar lo que nos tocaba con un mal humor del oficial que no podía con él. El pago lo teníamos que hacer en efectivo en euros, que era lo que teníamos en esos momentos además de algunos levs búlgaros que guardaríamos de recuerdo. Cosas que pasan viajando de esta forma… Como esto fue ya hace algunos años, te recomiendo consultar las fuentes oficiales antes de ir.

Dónde alojarse en Estambul: mejores zonas y hoteles recomendados

Antes de seguir con el post y si has entrado para enterarte de este asunto en específico, te explico según nuestra experiencia. Elegir alojamiento en una metrópoli tan gigantesca como Estambul puede ser un quebradero de cabeza, pero la clave está en tener claro qué buscas durante tu estancia. Para facilitarte la búsqueda, aquí tienes el desglose de las mejores zonas según tu tipo de viaje y algunas recomendaciones con una excelente relación calidad-precio que he podido investigar/me han recomendado:

Zonas y barrios recomendados para alojarse

  • Sultanahmet (nuestra recomendación para una primera visita): es el corazón histórico de la ciudad. Estás a un paso caminando de los grandes monumentos como Santa Sofía, la Mezquita Azul, la Cisterna Basílica o el Palacio Topkapi, lugares que ver en Estambul por excelencia. Por las noches es una zona tranquila y muy orientada al turismo. Nosotros nos dimos un pequeño lujo para cerrar el viaje y fue todo un acierto: estábamos en una callecita tranquila pero a solo unos minutos a pie de toda la acción.
    • 🌟 Opción económica / mochilera: ver aquí.
    • 🌟🌟 Relación calidad-precio: ve aquí.
  • Gálata, Karaköy y Beyoğlu (ideal para ambiente moderno y vida nocturna): si buscas una zona con más animación, cafés de especialidad, tiendas de diseño y variedad de restaurantes, el entorno de la avenida Istiklal y la Torre Gálata es perfecto. Además, Karaköy está de lujo comunicado con Sultanahmet a través del tranvía T1.
  • Kadıköy (la alternativa local en la parte asiática): si prefieres alejarte del turismo de masas, ahorrar algo de dinero y vivir una experiencia mucho más auténtica, cruzar el Bósforo al lado asiático es una muy buena idea. Tienes muchísima vida, mercados, terrazas acogedoras y conexión directa por ferri con la zona europea.

Consejo viajero: Estambul es una ciudad con muchíííísima gente casi todo el año. Te recomiendo reservar el alojamiento con bastante antelación para asegurar buenas tarifas y zonas céntricas. Puedes buscar y comparar todas las ofertas de alojamientos en Estambul aquí.

Te dejo este mapa para que pueda echar un vistazo rápido a cómo están los precios:

Llegada de madrugada y primeras impresiones de la ciudad

Continuamos por la carretera ya en territorio turco pasando por Edirne y llegando más tarde a la ciudad de Estambul, o al menos eso era lo que creíamos. El autobús nos dejaba en las afueras sin tener ni la más mínima idea de dónde nos encontrábamos. Eran las cuatro de la mañana y no sabíamos qué hacer.

Por suerte encontramos cerca una estación de tren tras dar algunas vueltas en plena oscuridad. Con la ayuda de algunas personas que había despiertas a esas horas (¡ya había bares y tiendas abiertas, hola Estambul!) pudimos comprar nuestro billete de un tren de cercanías que nos dejaba en una estación central de Estambul o no tan central como pensábamos.

Nuestro hotel, que reservamos con antelación (nos dimos un pequeño lujo para cerrar el viaje), se encuentra en el barrio de Sultanahmet, por así decirlo, el barrio más turístico e importante de Estambul. Decidimos llegar a pie con el mapa del móvil durante media hora o más cargando con las mochilas, un camino que nos llevó por la larga calle Turgut Özal Millet pasando por alguna mezquita gigantesca que nos avisaba de lo que nos esperaba por ver.

Despertar en Sultanahmet y nuestro bar de confianza

Por las calles empinadas del barrio de Sultanahmet la ciudad despertaba. La gente empezaba a abrir los negocios y se veía movimiento de los trabajadores que transportaban los portes en carrozas y cabezas. El olor a pan y café nos despertó el apetito, así que buscamos un lugar en el que desayunar antes de llegar al hotel, que lo teníamos a escasos metros.

Era un pequeño bar local donde preparaban desayunos típicos, aunque ya nos sonaba de haberlo comido por los Balcanes. El dueño era un tipo muy simpático; sería nuestro bar para los desayunos desde aquel momento. Era muy barato, no turístico, estaba riquísimo y la gente era encantadora. A la primera dimos en el clavo. Es uno de esos lugares a los que acabas cogiendo cariño y añoras cuando te vas.

Mientras desayunábamos con el amanecer en unas minisillas y minimesas fuera del bar en una cuesta muy empinada, dejábamos avanzar la aguja del reloj para llegar a una hora más decente a nuestro hotel.

Gastronomía turca
Nuestro desayuno
Estambul por la mañana
¡Buenos días, Estambul!

¡Por fin una cama!

Aun así, decidimos ir al alojamiento a eso de las ocho de la mañana. Al llegar y tocar la puerta varias veces parecía no haber nadie o, lo que temíamos: aún dormían. A los pocos minutos nos abrió un hombre con cara de dormido y vimos de reojo cómo en el interior de la casa —que se encontraba al lado del hotel— había colchones en el suelo donde dormían algunos más; les habíamos despertado, ups.

El que nos abrió se reincorporó y se limitó a llevarnos a nuestra buena habitación, donde caímos rendidos en la cama. Nos sentíamos como un día que habíamos salido de fiesta y llegáramos a casa por la mañana; ese tipo de cansancio. Cuando abrimos los ojos hasta nos asustamos; habían pasado varias horas y la sensación que teníamos era de haber pasado algunos segundos. Era un descanso que necesitábamos para ser humanos y poder visitar los lugares que ver en Estambul con todos los sentidos al máximo.

El laberinto de tiendas y lámparas del Gran Bazar

El hotel se encuentra muy céntrico pero a la vez aparte del ajetreo turístico, en una entrecalle relativamente solitaria. Solo teníamos que subir unas calles muy empinadas para llegar a todo el meollo de Sultanahmet.

Una de las entradas al Gran Bazar nos recibía a rebozar de gente. El ambiente en Estambul se hacía notar, toda una locura por la que era difícil avanzar unos metros sin pisar los talones de alguien. Una vez en el bazar, al cual se entra por unas bonitas puertas, eres carne de cañón. Los vendedores empiezan a ofrecer todo lo que pueden llamándote por todas las esquinas. Es una zona típica de compras de los turistas y se vende mucho, así que más que una lucha para vendernos algo es una lucha contra la competencia de los otros puestos.

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El mercado está todo cubierto y es un lío de callejuelas que se dividen por diferentes tipos de productos; sin embargo, está todo muy bien ordenado. Uno de los rincones que hay que ver por su espectacularidad es el de la zona de las lámparas. Los puestos con estas lámparas típicas turcas están llenas de ellas, decorando toda la calle con cientos de luces encendidas, una estampa preciosa.

Otro de los lugares que siempre he querido ver en Turquía son sus típicos puestos de kebabs (de procedencia confusa, ya que los libaneses lo reclaman) que tanto se relacionan con los turcos y, cómo no, degustarlos… ¡delicioso!

Lugares que ver en Estambul
Los de atrás se partían conmigo

La Mezquita Azul y el antiguo Hipódromo

Precio Mezquita azul : entrada gratuita

Salimos del mercado y nos dirigimos a la otra parte más turística de toda Estambul, donde se concentran dos de los monumentos más sonados: la Mezquita Azul y la iglesia museo de Santa Sofía (o Hagia Sophia), que están separados por una zona verde.

Mezquita Santa Sofía de Estambul
Mezquita azul desde dentro del recinto
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La Mezquita Azul es bonita mires por donde la mires e impresiona en todos sus aspectos, ya sea de lejos, de cerca o dentro de ella. Cuando se acerca la hora del rezo se encargan de echar a los turistas que andan dentro, como nos ocurrió a nosotros, que tras quedarnos embobados mirando el precioso techo vinieron a por nosotros. La entrada es gratuita y te tienes que quitar el calzado para entrar en ella.

Lugares que ver en Estambul
Desde fuera

Fuera, pero dentro del recinto, es un buen lugar para hacer fotos y sentarte un rato para admirarla y disfrutarla, también para observar a los turistas de cada rincón del mundo; me gusta curiosear cómo se comportan ante tal monumento.

Al lado de esta mezquita se encuentra el antiguo Hipódromo, que hoy en día es una plaza renovada con algún monumento salpicado, rodeado de bonitos edificios bien cuidados. En esta plaza pudimos ver el Obelisco de Tutmosis III con jeroglíficos egipcios o la Columna Serpentina, que es uno de los monumentos más antiguos que hay en la ciudad y que fue traído al hipódromo por Constantino el Grande.

Mezquita Azul
Mezquita azul con musulmanas

Santa Sofía y el final del día

Precio: 25 € (a mediados de 2026). Ojo: ¡no se incluye el Musem Pass!

Al otro lado de la plaza se ve de lejos el imponente Hagia Sophia, un museo e iglesia (actualización: desde el 1 de agosto de 2020, se la considera nuevamente como mezquita) declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO. Es una obra de arte que originalmente se creó como catedral ortodoxa cuando esta ciudad era Constantinopla, pasando a ser iglesia cristiana durante una breve época en el paso de las Cruzadas. Más tarde pasaría a manos de los otomanos, que la convirtieron en mezquita durante cinco siglos (de ahí su aspecto actual).

Desde 1936 este edificio se convirtió en un museo que atrae a millones de visitantes cada año, haciendo de él uno de los mayores atractivos de toda Turquía (puedes consultar horarios y tarifas oficiales actualizados en la web oficial de los Museos de Turquía). Durante nuestra visita nos encontramos con cientos de turistas por todas partes, no había descanso alguno. Tras pagar la entrada fuimos visitando cada una de sus partes con un pequeño mapa que nos facilitaron. Se puede estar mucho tiempo dentro; lo que más nos sorprendió fue la nave principal con su inmensa cúpula y su hermosa decoración. Hay entradas con cola y «sin colas» que también tiene cola…

El resto del día lo dedicamos a dar una vuelta por el barrio de Sultanahmet, visitando un poco de sus mercados y disfrutando del ambientazo de sus calles. Aun habiendo dormido una siesta estábamos cansados; fue un día raro y lo acabamos pagando. Nos pegamos un buen duchazo en el hotel y dormimos como niños chicos.

Cisterna Basílica, uno de los lugares que ver en Estambul

  • Turno de día (09:00-19:00): la entrada vale 1.950 TL (38-39 €).
  • Turno de noche (19:3022:00): la entrada cuesta 3.000 TL (58-59€), ya ques es lo que llaman como el «Night Shift», una experiencia más exclusiva y artística. Resérvalo aquí
  • Ojo: ¡no se incluye el Musem Pass!

El día siguiente fue otro cantar. Un perfecto día soleado nos daba los buenos días. Tras un buen desayuno en nuestro sitio ya habitual, fuimos de nuevo a la plaza principal de Sultanahmet, donde nos había quedado algo en el tintero el día anterior. Nos quedaban muchos lugares que visitar en Estambul y teníamos unas ganas inmensas de ello.

Vinimos de nuevo para ir a un lugar bajo la superficie de la ciudad, la Cisterna Basílica (Palacio Sumergido), muy cerca del Museo de Santa Sofía. Fue construido bajo el mandato bizantino en el año 532 por el emperador Justiniano I. La cisterna proveía agua al palacio de Constantinopla y más tarde al palacio otomano de Topkapi.

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El techo está soportado por 336 columnas de mármol de las que algunas bien merecen un vistazo. La más famosa de todas es la columna de Medusa, con la cabeza de Medusa al revés como base de la columna; se dice que fue extraída y colocada aquí de algún edificio de la última época romana. Nos pareció un lugar muy agradable y tranquilo para visitar; vinimos bien temprano, cuando aún reina la calma antes de la llegada de las masas de turistas. Por suerte, los precios de entonces no eran, ni de cerca, como los de hoy en día: ¡se han disparado por las nubes! Sin embargo, bien merece la pena una visita, eso ya depende de tu presupuesto.

Lugares que ver en Estambul
Uno de los lugares que ver en Estambul
Mezquita Azul
Mezquita Azul
Lugares que ver en Estambul

Fuera vimos que se estaba celebrando el maratón de Estambul. Había muchos caminos cortados que estaban reservados para los corredores, por lo que tuvimos que dar más vueltas de lo normal. Tuvieron mucha suerte con el tiempo primaveral que les tocó aquel día.

El esplendor imperial del Palacio Topkapi

Entrada en taquilla completa 55 € (Palacio + Harén)
Entrada solo Harén 20 € (solo Harén)

No muy lejos de donde nos encontrábamos está otros de los lugares que ver en Estambul el Palacio Topkapi —Palacio de las Puertas de los Cañones—, creado en su mayor parte por el sultán Mehmed II «el Conquistador», quien levantó el palacio al conquistar Constantinopla en 1443. Es la mayor joya de la historia otomana de la época imperial, un lugar que hoy en día se puede visitar y en el que se pasa casi un día entero. Un consejo: venid temprano para evitar a los grandes grupos organizados y cruceristas, lo agradeceréis. Este palacio es uno de los lugares obligatorios que ver en Estambul (¡aunque su precio de ahora se las trae!); no puedes marcharte sin haberlo recorrido.

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Palacio Topkapi, otro de los Lugares que ver en Estambul
En las afueras del Palacio

Son varias las zonas de patios que se pueden visitar en su interior: entrando por la bonita Puerta Imperial, custodiada por militares armados, accedes a la extensa zona que conforma el conjunto palaciego. Desde ahí verás otra gigantesca y bonita puerta llamada Puerta de la Acogida, con dos grandes torres octogonales, y en la misma zona podrás visitar la iglesia de Santa Irene (la más antigua de Estambul) y sus bonitos jardines. A la derecha de la entrada se pueden adquirir las entradas.

Las vistas desde el palacio sobre el Bósforo y la zona donde se encuentra la reconocible Torre Gálata son preciosas; es uno de los grandes atractivos de estar en esta parte alta, desde donde se observa gran parte de Estambul.

Vistas desde el palacio
lugares que ver Estambul
Vistas desde el palacio hacia la otra parte del puente

El Harén

En la zona privada del sultán se pueden visitar lugares como el Pabellón de la Circuncisión, que destaca por sus llamativos azulejos, o el Pabellón de la Capa Sagrada. También cabe destacar el Pabellón de Bagdad, que rememora la conquista de la ciudad y cuenta con una cúpula que impresiona mucho, así como el Pabellón Revan.

Una de las fuentes del palacio

Aparte, hay que abonar una entrada adicional para ver el Harén, sitio que merece la pena a pesar de su coste extra, ya que a mi parecer resultó una de las partes más curiosas de todo el complejo, de perdidos al río. El Harén era donde residía la extensa familia del sultán, un lugar con numerosas habitaciones perfecta y detalladamente decoradas. Allí vivían el propio sultán (el único hombre adulto permitido en la vivienda además de sus hijos), la madre del sultán, sus múltiples esposas (que podían ser cuatro o más) y las sirvientas, que solían ser extranjeras. Las hijas podían quedarse hasta los 16 años y los varones hasta los 12, a menos que fueran el heredero al trono. El Harén cuenta con unas 300 habitaciones, 9 baños turcos, un lavadero, un hospital y dos mezquitas.

Tesoro imperial

En la sección del Tesoro vimos piezas impresionantes de un valor incalculable, un espacio que nos mantuvo ocupados durante un buen rato. Es mucho lo que hay que ver en el palacio, un poco demasiado diría yo.

Se necesita prácticamente el día entero para recorrerlo todo con calma y a paso lento. Con tanto turista y tanto andar acabas un poco saturado, eso sí. Era la hora de salir a ver otros espacios de Estambul; un poco de ambiente callejero para refrescar la mente no venía nada mal. Qué mejor que darse una vuelta por uno de sus múltiples mercados callejeros.

Manikis que dan miedo de los mercados turcos

La grandiosidad de la Mezquita Nueva

Callejeando y casi sin querer nos llevamos una gran sorpresa: nos encontramos con la grandiosa Mezquita Nueva, conocida como Yeni Cami. Es un edificio que impresiona mires por donde lo mires. Sin duda otro de los lugares que ver en Estambul.

La verdad es que la diferencia con la Mezquita Azul y otras construcciones grandes de la ciudad no es abismal; sin embargo, cada una guarda matices únicos que la hacen especial, sobre todo en su interior. Es una mezquita muy reconocible del skyline de Estambul y una constante muchedumbre acude a ella; la llamada a la oración es el momento ideal para estar por sus alrededores.

La paz escondida en la Mezquita Fatih

Con los pies doloridos de tanto caminar, nos dimos una última vuelta y acabamos en otra de las grandes joyas religiosas: la Mezquita Fatih. Esta la vimos ya tarde, en plena oscuridad y cuando ya no quedaba casi nadie.

Fue una experiencia totalmente diferente. Podíamos estar tranquilos sin el estrés de las masas de turistas; un remanso de paz nos atrapó en su interior donde, sentados sobre sus impolutas alfombras, descansamos a la vez que disfrutábamos de la belleza de sus cúpulas. También pudimos observar cómo diferentes grupos de hombres se reunían para rezar y cómo las mujeres hacían lo propio en un espacio separado. Nos sentimos muy bienvenidos a pesar de no seguir sus mismos rituales; se nota que la población local está más que acostumbrada a recibir visitantes en sus mezquitas. Sin duda otro de los lugares que ver en Estambul.

lugares que ver en Estambul

Nuevo día, rumbo a Gálata

Los últimos días del viaje se acercaban tras una aventura de casi un año por Asia y Oceanía, y con parada en boxes en Bélgica por una emergencia médica en Indonesia que nos hizo volver. Los días llegaban a su fin, pero no le permitiríamos a esa tristeza que nos estropeara nuestra estancia por Estambul, ¡ni hablar de eso! Estos últimos días serían para despedirnos a lo grande; las responsabilidades y obligaciones las dejaríamos para cuando llegara el momento de estar ya de vuelta en casa.

El principal objetivo del día que se nos presentaba (el tercero de cinco ya) era conocer la otra parte del Cuerno de Oro cruzando el famoso puente de los pescadores —el Puente de Gálata— (siempre hay muchísima gente pescando en él), donde te encuentras con la zona más moderna y cosmopolita de Estambul en el distrito de Beyoğlu, con Gálata como uno de sus barrios más famosos.

Para ello salimos a pie desde nuestro hotel en pleno corazón del barrio de Sultanahmet. Pasando por el Gran Bazar y por otros de los tantos mercadillos que hay por las calles de la ciudad, nos encontramos con una tranquila mezquita donde conseguimos un Corán de bolsillo en inglés, ¡gratuito!

Puente de Gálata y sus pescadores

Cruzando el puente, donde decenas de personas andan con una caña en mano (y no de cerveza, precisamente), llegamos a Gálata. Los puestos de simits que hay por todos lados nos llamaban a voces por este barrio y no pudimos resistirnos a ellos. El simit es una de las comidas más típicas de por aquí: unas roscas de pan con mucho sésamo que tienen un toque dulzón, perfectas para matar el hambre. No andarás ni diez metros sin cruzarte con un vendedor de estas roscas; es algo que Estambul lleva en sus genes.

Yo con la mezquita nueva de fondo

Caminando por las calles de Gálata enseguida nos dimos cuenta de las diferencias con la parte más tradicional de Sultanahmet, aunque aún conserva ese encanto que tanto caracteriza a los barrios típicos de Estambul. Se ve que todo es más moderno, sobre todo en sus edificios, aunque la gente aquí también parece estar más «europeizada»; más que nada se nota en la forma de vestir de los jóvenes y en la arquitectura.

Torre de Gálata: una de las mejores vistas de Estambul

Recomiendo reservarlo aquí.

Para obtener una de las mejores vistas de Estambul nos acercamos a la famosa Torre Gálata, otro de los lugares que ver en Estambul, sí o sí. La construyeron los colonos genoveses cuando la ciudad se conocía como Constantinopla, allá por el año 1348. Hoy en día está abierta al público y, a través de un ascensor y pagando una entrada, se puede subir hasta lo más alto.

Las vistas sobre Estambul son espectaculares: se puede ver absolutamente todo a la redonda. El skyline de la ciudad con sus gigantescas mezquitas es algo muy especial que hay que contemplar.

En este barrio también pudimos ver una iglesia católica algo escondida llamada San Antonio de Padua (de quién visitamos su tumba en este post), la iglesia católica más grande que sigue en uso en Estambul. En ella se dan misas en inglés, italiano y como no, turco.

Otro de los lugares que ver en Estambuk

La efervescente avenida Istiklal y el ambiente de Taksim

La arteria principal de Beyoğlu es la larga avenida comercial de Istiklal (Independencia), una calle donde vivían los comerciantes genoveses y venecianos en la época bizantina. Hoy en día es una de las avenidas más concurridas de Estambul por su gran cantida de tiendas, galerías de arte, restaurantes y su buen ambiente, una especie de rambla catalana que por la noche tampoco duerme. Por esta avenida pasa el famoso y antiguo tranvía rojo, en el que incluso los trabajadores se visten de época.

La calle atraviesa dos importantes plazas: la plaza de Galatasaray y la plaza Taksim, ya al final de la avenida. Taksim es una plaza muy amplia de forma circular con un monumento en el centro. Es una de las zonas más modernas de Estambul y el lugar donde los turcos acuden para celebrar los éxitos colectivos de la ciudad, una especie de plaza de Cibeles turca, aunque también es tristemente conocida por manifestaciones públicas que no acabaron demasiado bien.

Paseando por el barrio

A orillas de Beyoğlu, por el este, es desde donde salen muchos ferries hacia diferentes puntos de la ciudad, así como hacia la parte asiática del país. Estábamos a tan solo un paseíto en barco de pasar de Europa a Asia, a escasos metros de adentrarnos en nuestro continente favorito. Sin embargo, aquello tenía que esperar al menos un día más; el resto de este día lo dedicaríamos a conocer mejor esta zona de Estambul.

Asia al fondo

Pasamos cerca del estadio del famoso equipo de fútbol Besiktas (los otros dos grandes de la ciudad son el Galatasaray y el Fenerbahçe), lugares que ver en Estambul si eres amante del fútbol. Solo pasamos de refilón por este barrio, ya que empezamos a desandar el camino poco a poco de vuelta al puente que lleva hacia Sultanahmet. Por falta de fuerzas, dinero y tiempo tuvimos que dejar pendiente la visita al Palacio Dolmabahçe, que fue la segunda residencia de los sultanes cuando abandonaron el Palacio Topkapi.

Bajamos pegados al mar hasta llegar de nuevo al puente, donde nos asaltó un agradable olor a pescado a la parrilla. Muy cerca del puente por la parte de Gálata, y pegado al agua hacia el oeste, hay un mercado de pescado con muchísima actividad. Allí no solo venden pescado fresco, sino que también hay mesas y puestos callejeros para comer a orillas del Cuerno de Oro a muy buen precio. Fue una tentación que tuvimos que rechazar porque teníamos planes de cenar más tarde cerca de nuestro alojamiento. Desde allí mismo pudimos disfrutar de un hermoso atardecer, con el sol escondiéndose detrás de las mezquitas al compás de la llamada al rezo desde los altos minaretes.

Üsküdar: adentrándonos en la Estambul asiática

En nuestro cuarto día en la ciudad íbamos a cruzar el estrecho del Bósforo para pasar como si nada de un continente a otro: de Europa a Asia, de Occidente a Oriente en cuestión de minutos. Nos esperaban muchos lugares que ver por Estambul este día. Para ello tomamos el metro bien temprano, que nos dejaría por la misma zona por la que pasamos el día anterior en Beyoğlu. Allí se compran los jetons (fichas de transporte) que sirven como billete para pasar por el torno que da acceso a los barcos, aunque también hay tarjetas de transporte con las que sale más barato. Hay unos libritos de bolsillo con los horarios de todos los trayectos (que no son pocos).

El paseo en barco es muy agradable; una bandada de gaviotas seguía la embarcación ya que siempre hay gente que les echa comida, así que aproveché para sacar algunas fotos. Desde el barco se obtienen unas vistas estupendas de la parte europea de Estambul, a la que volveríamos más tarde.

¡De vuelta a Asia!

Y así, casi sin darnos cuenta, ya estábamos, de nuevo, con los pies puestos en Asia. Nos parecía increíble, pero era real. Estábamos de vuelta en nuestro continente favorito, el cual habíamos tenido que dejar por fuerza mayor hacía un par de meses cuando nos encontrábamos en Indonesia. El destino quiso que en su lugar visitáramos Estambul y parte de los Balcanes. No hay mal que por bien no venga: ¡aquí estábamos de nuevo!

Üsküdar se encuentra en la famosa parte asiática, donde las modernidades se dejan un poco de lado para dar paso a un ambiente musulmán más tradicional y no tan turístico como Sultanahmet o el casco antiguo. Sin duda alguna, esta es una de las zonas más auténticas de Estambul, donde la gente se mueve en su día a día ajena al turismo, aunque hoy en día ya no tanto. Aquí las mezquitas son más pequeñas pero no menos importantes, y los mercados abarrotan las calles con precios bastante más bajos. Visitamos su zona más céntrica, pegada al Bósforo, y cerca del embarcadero vimos la mezquita de Mihrimah Sultan, de la que contemplamos su exterior.

Jugandose la vida por limpiar una ventana

Nos dimos una gran caminata por todo el barrio con la intención de llegar al punto más alto de la ciudad, la colina de Çamlıca (Çamlıca Hill). Por una cosa o por otra, y tras preguntar a varias personas y subir cuestas interminables, no dimos con el lugar exacto y decidimos desandar lo andado hacia la costa, rindiéndonos en nuestro cometido. No podíamos seguir matándonos a andar: el día era muy largo y las energías escasas.

Bajamos por la costa hacia el sur, donde nos cruzamos con la coqueta mezquita de Şemsi Ahmet Paşa. Un vecino de la zona nos guio por el interior a cambio de una pequeña propina a voluntad para la propia mezquita. Fue toda una sorpresa descubrir este rincón, uno de los puntos que más me gustaron de Üsküdar e incluso de toda Estambul.

Otro de los lugares que ver en Estambul
Interior de la mezquito Ahmet Pasa

El «paseo marítimo» de Üsküdar, otro de los lugares que ver en Estambul

Como si de un paseo marítimo se tratara, hay zonas adaptadas para sentarse al sol frente al Bósforo, con gradas y asientos orientados hacia la parte europea de Estambul. Son pequeños puestos y bares donde tomarse un té o lo que apetezca, aunque lo más típico es venir aquí para contemplar el que dicen que es el mejor atardecer de la ciudad.

Cerca se encuentra la Torre de la Doncella o de Leandro (Kız Kulesi) (se puede visitar así), un islote muy próximo a la costa de Üsküdar donde se levanta esta torre histórica. Durante el día funciona como cafetería y por la noche como restaurante de lujo con música en vivo, algo totalmente fuera de nuestro presupuesto. Nos conformamos con la preciosa estampa que ofrece desde la orilla asiática. Según cuenta la leyenda, la torre fue mandada construir por un sultán para proteger a su hija, a quien un oráculo había predicho que moriría por la picadura de una serpiente.

Torre Leandro

Seguimos caminando hacia el sur bajo un sol abrasador (¡y eso que era ya noviembre!), en un trayecto que nos llevó junto a instalaciones militares, colegios en hora punta y cuestas pronunciadas. Nuestra intención era llegar a la antigua y lejana estación de Haydarpaşa, un edificio monumental diseñado por arquitectos alemanes que formaba parte del ambicioso proyecto imperial de unir Berlín con Bagdad por ferrocarril. Justo desde allí mismo pudimos tomar un ferry de vuelta a Beyoğlu tras haber recorrido muchísimos kilómetros a pie.

Campos militares camino a la estación
Uno de los lugares que ver en Estambul

El misticismo de Eyüp y el atardecer en Pierre Loti

Aunque ya estábamos cansados tras semejante maratón por Üsküdar, aún nos quedaban fuerzas para la segunda parte del día, que dedicaríamos al barrio de Eyüp, en la zona interior del Cuerno de Oro. Para ello tomamos un autobús en la plaza de la Mezquita Nueva que nos dejó cerca de la calle principal de Eyüp, uno de los barrios más conservadores y tradicionales de la ciudad.

En este barrio está la mezquita de Eyüp Sultán, el tercer lugar de peregrinación más importante para el islam tras La Meca y la Cúpula de la Roca en Jerusalén, ya que aquí reposan los restos de uno de los allegados del profeta Mahoma. Y así se percibe en el ambiente: una gran multitud de fieles concurría por los alrededores del templo. Quizás la esperaba algo más grande, pero transmite una innegable sensación de solemnidad. No podíamos habernos ido de Estambul sin visitar este lugar, sin duda uno de los lugares que ver en Estambu.

Vistas desde la parte alta de Eyüp

Como colofón, y tras pasear y comer algo por su animada calle comercial, subimos a la parte alta del barrio para disfrutar de las vistas desde el famoso café Pierre Loti. Se puede subir en funicular, pero decidimos hacerlo a pie cruzando el histórico cementerio que serpentea por la colina para ahorrarnos unas liras. Desde la mirador superior se contempla una panorámica fantástica para admirar la inmensidad de Estambul; merece muchísimo la pena llegar hasta aquí.

Nuestro tiempo en Eyüp llegó a su fin y dimos la jornada por concluida. Ya anocheciendo, tomamos el autobús de regreso a la plaza de la Mezquita Nueva y de allí fuimos a pie a nuestro hotel a descansar antes de encarar nuestro último y definitivo día en la ciudad.

El barrio de Balat

Es tanto lo que hay que ver en Estambul que resulta difícil elegir: no podíamos verlo todo ni teniendo 5 días para ello, así que tuvimos que seleccionar cuidadosamente. Al día siguiente decidimos realizar una ruta recomendada por nuestra guía Marco Polo de la ciudad. Comenzamos el recorrido en las murallas históricas de Edirnekapı y nos dirigimos hacia la iglesia de San Salvador de Chora (Kariye Camii). Construida en 1320, perteneció en sus orígenes a los bizantinos para convertirse más tarde en mezquita durante la época otomana y, finalmente, en museo.

Lo más llamativo de este templo-museo son sus espectaculares mosaicos en el techo, que narran escenas de la vida de la Virgen María y de Jesucristo. Por desgracia no pudimos verlos: cuando quisimos entrar, ¡nos dimos cuenta de que estaba cerrado! Nos quedamos con muchísimas ganas de verlo por dentro. Aun así, por los alrededores pudimos admirar las casas tradicionales pintorescas hechas de madera, muy distintas al resto de la ciudad.

Continuamos nuestra ruta bajando hacia las orillas del Cuerno de Oro a través de callejuelas flanqueadas por edificios con una arquitectura completamente diferente a todo lo visto hasta entonces en Estambul. Estábamos en el barrio de Balat, una zona habitada históricamente por los judíos sefardíes que fueron expulsados de España durante la Inquisición y que más tarde emigraron a Israel. Algunos edificios históricos, como el hospital judío o alguna sinagoga junto al mar, siguen en funcionamiento. Fue verdaderamente como pasear por una ciudad distinta dentro de la propia Estambul.

Fener y su Gran Colegio Griego

Seguimos caminando hasta toparnos con otra iglesia ortodoxa búlgara, la iglesia de San Esteban, famosa por su estructura de hierro y su llamativa cúpula dorada. Desde allí proseguimos adentrándonos de nuevo por las callejuelas de la zona de Fener, esta vez afrontando unas empinadísimas cuestas que desembocan en un gigantesco e imponente edificio rojo: el Gran Colegio Griego de Fener. Nos lo confirmó un vecino al preguntarle si podíamos entrar a verlo bien; su arquitectura de estilo ecléctico y victoriano destaca con majestuosidad sobre todo el vecindario.

En realidad, nuestro objetivo principal en la zona era encontrar la iglesia de Santa María de los Mongoles, el único templo bizantino de Estambul que nunca fue convertido en mezquita y que sigue activo como iglesia ortodoxa. Sin embargo, no hubo manera de dar con ella entre el laberinto de calles y acabamos desistiendo. A cambio, hicimos una parada técnica para tomarnos un reparador té en un bar muy acogedor del barrio.

No imaginábamos que en Estambul hubieran lugares tan singulares como los que descubrimos ese día. Esta parte europea de la ciudad conserva vivas las huellas de su rico pasado multicultural y, aunque la mayoría de estos sitios ya no funcionen como antaño, siguen ahí como testimonio de lo que un día llegó a ser esta metrópoli.

La última noche en Kumkapı y el adiós a los Balcanes

Regresamos al centro para pasar nuestra última tarde en el corazón de Estambul, donde se concentra toda su esencia. Paseamos por sus extensos mercados repletos de vida, contemplamos una vez más la majestuosidad de sus mezquitas bajo el hipnotizante canto de la llamada al rezo y nos fuimos despidiendo paulatinamente de un viaje inolvidable.

Para la última cena buscábamos un lugar especial y, casi por casualidad, acabamos en el barrio de Kumkapı, muy cerca de nuestro hotel. Se trata de un tradicional barrio marinero que cuenta con varias calles peatonales repletas de restaurantes de pescado, luces y música en vivo (bastante turístico, eso sí). Al pasear por allí, los camareros te abordan constantemente con ofertas de todo tipo para convencerte; lo cierto es que se pueden conseguir precios muy económicos si negocias bien. Queríamos despedirnos con una cena en condiciones, así que aceptamos la propuesta de uno de los locales. Cenar en Kumkapı es una toda experiencia, sobre todo si buscas buen pescado y un ambiente animado.

Aunque la aventura llegaba a su fin tras dos meses de ruta, nos marchábamos con una enorme sonrisa y la satisfacción de haber vivido una experiencia inolvidable por la península balcánica: una región tan cercana a nosotros y a la vez tan olvidada, que nada tiene que envidiar a países más turísticos, ya sea en playas, paisajes naturales o grandes ciudades. Nos queda pendiente explorar más a fondo países como Bulgaria, Rumanía o Grecia, asignaturas pendientes que con toda seguridad nos harán regresar en el futuro a este fascinante rincón del mundo.

Preguntas frecuentes sobre Estambul

¿Cuántos días son necesarios para visitar Estambul por primera vez?

Para una primera toma de contacto completa con la ciudad y poder ver con calma tanto los imprescindibles históricos (Santa Sofía, Mezquita Azul, Palacio Topkapi, Cisterna Basílica) como los barrios de Gálata, Taksim, Eyüp, Balat, Fener y dar el salto a la zona asiática (Üsküdar), lo ideal es dedicar entre 4 y 5 días completos. Son muchos los lugares que hay que ver por Estambul.

¿Cuál es la mejor época del año para viajar a Estambul?

Los meses de primavera (de abril a mayo) y otoño (de septiembre a noviembre) ofrecen temperaturas muy agradables para caminar sin el calor sofocante del verano ni las aglomeraciones masivas de la temporada alta.

¿Cómo moverse de forma eficiente por Estambul?

El sistema de transporte público de Estambul es excelente y económico para ver todos los lugares de Estambul. El tranvía (línea T1) conecta directamente los principales puntos de interés turístico como Sultanahmet, Eminönü y Karaköy, complementándose a la perfección con la red de metro y los ferris que cruzan entre Europa y Asia.

Conclusión de nuestra aventura por Estambul

Cerrar nuestra gran ruta recorriendo las calles, mezquitas y palacios imperiales de Estambul superó todas nuestras expectativas, son muchos los lugares que tiene que ver. A lo largo de estos días hemos descubierto el alma más histórica de la ciudad en el casco antiguo de Sultanahmet, paseado por el bullicio del Gran Bazar, cruzado el Cuerno de Oro hacia el ambiente cosmopolita de Gálata e Istiklal, navegado hacia Asia para conocer la auténtica vida local en Üsküdar y perdido el rumbo por los pintorescos barrios de Fener y Balat.

Estambul es una metrópoli inmensa, vibrante y llena de contrastes que te atrapa desde el primer momento. Sin duda, fue el broche de oro perfecto para nuestro viaje antes de regresar a casa.

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